martes, 24 de noviembre de 2015

Siempre tú. Una y otra vez

Tú. Otra vez, tú. Tú que arrasas con mis sueños más inocentes y los transformas en la máxima expresión de pasión carnal. Tú que sabes cómo hacerme estremecer sin apenas tocarme, sin ni siquiera ser real, solo apareciéndote en sueños. Tú que te adentras en lo más profundo de mis fantasías y cada vez con más frecuencia. Desvaneces esa delgada línea entre el "quiero" y el "no puedo" haciéndome dudar entre realidad y fantasía. Apareces con toda naturalidad, rodeado de gente, permitiendo un ligero acercamiento que ansío y que tú frenas: "hay que ser discretos", decías, "sabes que después de todo no estaría bien visto. Hablarían de más".

En esa escasa lejanía que nos separa, de apenas unos centímetros, hay que guardar las apariencias. Trato de contener la respiración acelerada que me produce tenerte cerca, no quiero delatarnos. Y ¿tú? Tú comienzas el juego, como siempre. Me atacas con una sonrisa torcida de esas que reza <<"sé lo que quieres, pero ten paciencia">>. Y, sin darme apenas un segundo para recomponerme, me lanzas una mirada que analiza cada centímetro de mi piel dejando un escalofrío a su paso. El tiempo pasa y seguimos sin encontrarnos a solas. Todo lo contrario. Compartimos escena bajo el sol pero, muy a mi pesar, con otras diez o quince personas. La mayoría, mujeres. Mujeres que te tocan, que permites que rocen tu cuerpo aunque detrás de sus actos no se esconda mayor intención que un gesto de cariño casi fraternal. Mujeres que pueden acariciar tu piel tostada por el sol mientras conmigo mantienes las distancias. Qué se le va a hacer; al fin y al cabo, es lo que todos esperan: distancia.

Las horas, que apenas se me antojan unos escasos minutos en mi sueño, avanza con rapidez. Llega la noche y empiezas a jugar. Otra vez. Cada uno en su casa y tú en mi móvil, en una conversación aparentemente normal. <<"Baja un momento">>. El corazón me va a mil por hora. <<"¿Ahora? Mi padre me mata">>. Se me acelera hasta la respiración: quiere jugar y va a saco. <<"Que bajes. Ahora. Estoy en la puerta">>. Último mensaje de texto recibido a las 23:37. Las pulsaciones no perdonan. Tengo la sensación de que retumban por toda la casa en mi intento por escapar de mi habitación haciendo el menor ruido posible. Bajo las escaleras procurando que no me delaten los crujidos; sigilosa y, al mismo tiempo, histérica. Ahí está, la puerta, a escasos metros de mí.

Abro la puerta. No está. Un vacile, ¿en serio? Se estará mofando desde la ventana. (<<Estúpida inocente, ¿te creías que venía a por ti?">>). "Estoy aquí". Aparece de entre las sombras de mi calle poco iluminada y se acerca. "Creías que no, ¿eh?". Apenas puedo articular palabra, me tiembla todo. Pero no por nervios, sino por pura excitación. A escasos centímetros de mí y en un susurro, con la mirada fija en mis ojos: "Tenía que venir, no me lo perdonaría si pasara un día más". Me aparta el pelo de la cara y lo recoge detrás de mi oreja. Lo suficiente como para que las yemas de sus dedos toquen, casi sin quererlo, mi piel. Cada vez más cerca de mi y yo cada vez más acelerada. En parte por él, en parte porque nos podía ver cualquiera que pasara... y eso le sumaba emoción.

"Vas a tener que besarme", dice, aún sin tocarme; pero lo suficientemente cerca como para sentir sus labios moverse. "Me muero de ganas", me sale casi sin pensar, "lo esperaba desde hace tiempo. Pero eres muy difícil". "No me valía solo con que lo quisiera, tenía que desearme cada centímetro de ti", suelta con la voz más seductora que había escuchado en mucho tiempo. En ese preciso instante, rodea mi cabeza con sus manos y me besa. Mi cuerpo cede a sus brazos y mis labios disfrutan lo que desde hace tiempo ansiaban. Acto seguido, y sin dejar de besarme, me levanta y me desplaza un par de metros. Noto la pared en mi espalda y su codo apoyado a escasos centímetros de mi cara. Soy suya y no hay mayor discusión posible. <<"Por fin">>, pensé.

Pero algo tenía que fallar. Me despierto. Mierda. No le tengo, ni en la cama conmigo, ni en el sueño. Vaya tortura. Quizá otra vez sea, porque eres tú. Siempre eres tú.

jueves, 21 de marzo de 2013

Recuerdos que te sorprenden

Raro es que al amanecer te acuerdes con tanta lucidez de los detalles de un sueño, pero más raro aun es que a lo largo del día no pares de darle vueltas y casi lo recuerdes como algo vivido y no como un simple sueño.

La noche comenzaba con un trabajo de clase. Una visita a una exposición. Eso no se alejaba del todo de la realidad puesto que últimamente no paran de mandarme de un lado a otro visitando todos los sitios habidos y por haber de mi ciudad. Iba con mis amigas, como siempre. Pero allí me encontré con viejos amigos del instituto; nada más raro.

Después de un par de vueltas por el lugar y un poco de investigación, no me quedó más remedio que saludar. Allí estaban, dos viejos amigos. Bueno, amigos... Una buena compañera de clase y un amor de la infancia. Aelita y Orfeo. 

Tras una larga charla y después de recordar muchas cosas de los años vividos juntos, como tres buenos amigos echamos la tarde de tapas y unas cañas. Hablando y hablando decidimos que nos quedaríamos a dormir todos en casa de Aelita, que nos quedaba bastante cerca. Pero antes de ir a casa, fuimos a cenar y tomarnos unas copas.

Una vez en casa, solo había una habitación de invitados con dos camas. Y puesto que los invitados eramos Orfeo y yo, nos tocó dormir juntos pero separados. Como decía antes, fue un amor de la infancia. Infancia y no tan infancia. Digamos que fue algo especial. 

Pasadas un par de horas, y con los padres ausentes, la casa estaba en el más absoluto de los silencios y yo no podía dormir. No sé si era el ambiente que destacaba por la tensión o si fue la oleada de recuerdos que decidieron invadir mi mente, pero mi compañero de habitación estaba igual de despierto que yo. Empezamos a hablar; y una cosa llevó a la otra, como siempre pasa. Una sensación extraña recorría mi cuerpo. Era perfectamente consciente de que aquella no era mi casa y de que tanto los padres como Aelita podían aparecer en cualquier momento. Aun así, estábamos como inmersos en nuestra propia burbuja; absolutamente ajenos a cualquier cosa. No fue un encuentro tórrido y salvaje, sino más bien bastante romántico. Era reconfortante sentir su piel, pero no quería hacerme ilusiones tampoco. Exhaustos de tanto revivir el amor que un día sentimos el uno por el otro, despertamos al día siguiente en la misma cama, algo confusos.

Después de desayunar y con las ideas poco claras, aparecieron los padres. Aelita, completamente ajena a lo sucedido la noche anterior, me ofreció el darme una ducha antes de marcharme. Acepté y me metí en el baño. Y a los pocos minutos de estar dentro de la ducha, la puerta del baño se abrió. Cegado por aquello que había vuelto a renacer, Orfeo iba perdiendo la ropa a medida que se aproximaba a mi: una de las mejores duchas sin duda. Perdí la noción del tiempo. 

La madre de Aelita perdió los nervios y empezó a aporrear la puerta del baño sin descanso. Cazados. Mierda. No había más remedio que afrontar la situación. Por poco me echa a patadas a la calle en toalla. Y a Orfeo conmigo. Menos mal que tuvo un poco de compasión y nos dejó vestirnos. 

Por una vez, tomarme mi tiempo al arreglarme me vino bien. A los 3 minutos, cuando Orfeo estaba vestido y preparado, se vio en la calle por el ataque de histeria de la madre de Aelita; quien bajo con él a la calle y al parecer fue a darse un paseo con el marido para que le diese el aire en la cara.
Yo, que seguía arreglándome, acabé de recoger mis cosas y fui a disculparme con Aelita por el espectáculo. Me dijo que no me preocupara, que ella tampoco contaba con que sus padres fuesen a presentarse.

Lo último que recuerdo es estar tumbada en una cama de una habitación con paredes de madera y una ventana en el techo hablando con Aelita y recordando la noche anterior; obviamente todo aquello en lo que ella estuvo presente. Y después, de un momento a otro, me desperté viendo amanecer por la ventana de enfrente de mi cama.


Cosa de sueños

Puesto que mi imaginación andaba en época de sequía y que, por suerte o por desgracia, tengo bastante buena memoria, he decidido cambiar el enfoque de este blog. En lugar de contar cosas reales, voy a hablar mis sueños que son, cuando menos, bastante peculiares.