jueves, 21 de marzo de 2013

Recuerdos que te sorprenden

Raro es que al amanecer te acuerdes con tanta lucidez de los detalles de un sueño, pero más raro aun es que a lo largo del día no pares de darle vueltas y casi lo recuerdes como algo vivido y no como un simple sueño.

La noche comenzaba con un trabajo de clase. Una visita a una exposición. Eso no se alejaba del todo de la realidad puesto que últimamente no paran de mandarme de un lado a otro visitando todos los sitios habidos y por haber de mi ciudad. Iba con mis amigas, como siempre. Pero allí me encontré con viejos amigos del instituto; nada más raro.

Después de un par de vueltas por el lugar y un poco de investigación, no me quedó más remedio que saludar. Allí estaban, dos viejos amigos. Bueno, amigos... Una buena compañera de clase y un amor de la infancia. Aelita y Orfeo. 

Tras una larga charla y después de recordar muchas cosas de los años vividos juntos, como tres buenos amigos echamos la tarde de tapas y unas cañas. Hablando y hablando decidimos que nos quedaríamos a dormir todos en casa de Aelita, que nos quedaba bastante cerca. Pero antes de ir a casa, fuimos a cenar y tomarnos unas copas.

Una vez en casa, solo había una habitación de invitados con dos camas. Y puesto que los invitados eramos Orfeo y yo, nos tocó dormir juntos pero separados. Como decía antes, fue un amor de la infancia. Infancia y no tan infancia. Digamos que fue algo especial. 

Pasadas un par de horas, y con los padres ausentes, la casa estaba en el más absoluto de los silencios y yo no podía dormir. No sé si era el ambiente que destacaba por la tensión o si fue la oleada de recuerdos que decidieron invadir mi mente, pero mi compañero de habitación estaba igual de despierto que yo. Empezamos a hablar; y una cosa llevó a la otra, como siempre pasa. Una sensación extraña recorría mi cuerpo. Era perfectamente consciente de que aquella no era mi casa y de que tanto los padres como Aelita podían aparecer en cualquier momento. Aun así, estábamos como inmersos en nuestra propia burbuja; absolutamente ajenos a cualquier cosa. No fue un encuentro tórrido y salvaje, sino más bien bastante romántico. Era reconfortante sentir su piel, pero no quería hacerme ilusiones tampoco. Exhaustos de tanto revivir el amor que un día sentimos el uno por el otro, despertamos al día siguiente en la misma cama, algo confusos.

Después de desayunar y con las ideas poco claras, aparecieron los padres. Aelita, completamente ajena a lo sucedido la noche anterior, me ofreció el darme una ducha antes de marcharme. Acepté y me metí en el baño. Y a los pocos minutos de estar dentro de la ducha, la puerta del baño se abrió. Cegado por aquello que había vuelto a renacer, Orfeo iba perdiendo la ropa a medida que se aproximaba a mi: una de las mejores duchas sin duda. Perdí la noción del tiempo. 

La madre de Aelita perdió los nervios y empezó a aporrear la puerta del baño sin descanso. Cazados. Mierda. No había más remedio que afrontar la situación. Por poco me echa a patadas a la calle en toalla. Y a Orfeo conmigo. Menos mal que tuvo un poco de compasión y nos dejó vestirnos. 

Por una vez, tomarme mi tiempo al arreglarme me vino bien. A los 3 minutos, cuando Orfeo estaba vestido y preparado, se vio en la calle por el ataque de histeria de la madre de Aelita; quien bajo con él a la calle y al parecer fue a darse un paseo con el marido para que le diese el aire en la cara.
Yo, que seguía arreglándome, acabé de recoger mis cosas y fui a disculparme con Aelita por el espectáculo. Me dijo que no me preocupara, que ella tampoco contaba con que sus padres fuesen a presentarse.

Lo último que recuerdo es estar tumbada en una cama de una habitación con paredes de madera y una ventana en el techo hablando con Aelita y recordando la noche anterior; obviamente todo aquello en lo que ella estuvo presente. Y después, de un momento a otro, me desperté viendo amanecer por la ventana de enfrente de mi cama.


Cosa de sueños

Puesto que mi imaginación andaba en época de sequía y que, por suerte o por desgracia, tengo bastante buena memoria, he decidido cambiar el enfoque de este blog. En lugar de contar cosas reales, voy a hablar mis sueños que son, cuando menos, bastante peculiares.